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Please, don’t stop the music. “Rock in Rio” o “Pop en Arganda”.



Marta Rojas

Érase una vez, al sureste de la capital de España, más de 250.000 personas congregadas para pasar calor y frío, llenarse de polvo, comprar cervezas a ocho euros y engullir mucha, mucha publicidad… No, no, no… Empecemos de nuevo: Érase una vez más de 30 músicos y artistas de todos los colores reunidos para hacer vibrar a más de 250.000 personas y dejarse la piel -unos más que otros- en espectaculares escenarios haciendo que, durante cinco días, se convierta en protagonista algo que puede gritar más que la crisis (y que, por cierto, debería hacerlo más a menudo): la música.

¿Cómo? ¿Que no os habéis enterado? Pues para todos aquellos que viváis en la selva o para los que las campañas promocionales, la publicidad masiva por tierra, mar y aire, y la impresionante cobertura mediática no haya sido suficiente, aquí está ISP Música para contaros lo que ha pasado en el festival musical del año (o eso es, al menos, lo que dicen): ¡Rock in Rio 2010!

La Ciudad del Rock hace, efectivamente, honor a su nombre (más por “ciudad” que por “rock”, eso sí). A varios kilómetros de Arganda del Rey, todo un pequeño municipio comercial de diversión y ocio da cabida a una multitud de visitantes que se convierten por un día en orgullosos ciudadanos musicales.

En esta segunda edición, que se celebró los días 4, 5, 6, 11 y 14 de junio, se alcanzó la cifra de 250.000 personas (que no fueron las 290.000 de la primera edición ni las 300.000 previstas por la organización, pero que fue igualmente significativo en un contexto de crisis), por lo que parece que esta masiva y polémica forma de vivir la música se consolida en nuestro país.

Fue en 1985 cuando Roberto Medina, fundador de Rock in Rio, abrió las puertas de la primera Ciudad del Rock en Rio de Janeiro, en la que estuvieron presentes pesos pesados como Queen, AC/DC, Iron Maiden… Durante diez días, el público brasileño asistió a un maratón musical que tuvo eco internacional y que todavía hoy forma parte de la historia de la música mundial. A lo largo de los años, ha ido creciendo y se ha expandido, de momento, a otros dos países (España y Portugal), uniendo a casi cinco millones de personas.

25 años después, Rock in Rio- Madrid ha celebrado la segunda edición de un festival que algunos se niegan a considerar como tal y prefieren incluir en la categoría de parque de atracciones. Sin entrar en ese debate, lo que sí sería más difícil de sostener es la denominación de “festival de rock”; Los Queen, AC/DC o Iron Maiden de la edición primitiva han dado paso a artistas como Miley Cyrus (Hanna Montana), Amy MacDonald o Rihanna que, al margen de su calidad como artistas, de rock, la verdad, poco. Bandas como Metallica, Motorhëad y Rage Against The Machine salvaron el temporal (del nombre) pero, dejando a un lado el género, lo importante es que la mayoría de los grupos y artistas que pasaron por allí supieron darse a sí mismos en el escenario y nos hicieron vivir cinco días llenos de música.

La variedad como clave del éxito
Son muchas las razones que han hecho de Rock in Rio uno de los mayores espectáculos de música y entretenimiento del mundo, pero la más significativa, sin duda, es la variedad. Variedad musical (pop, rock, flamenco, electrónica…), variedad de asistentes (vaqueros rotos, camisetas de los Ramones y chupas de cuero conviviendo con bikinis, tops brillantes y tacones del público guapo de las divas del pop) y variedad generacional.

En 200.000 m2 , adolescentes, jóvenes, niños y padres se mezclaban entregándose a la música y, entre concierto y concierto, a algunos de los muchos comercio-pasatiempos que la organización y sus patrocinadores habían preparado: desfiles de moda, centros comerciales, restaurantes de comida rápida, espacio para niños (celebrado por los padres), una noria de 32 m de altura, un ascensor de caída libre (la atracción más popular del recinto, a juzgar por las colas) y las ya famosas tirolinas, en las que los más atrevidos podían sobrevolar al público pasando a escasos metros del escenario.

Como si de una especie de trueque se tratara (además del “trueque monetario”, claro), a cambio de disfrutar de la música y de las atracciones era necesario tragar publicidad sin descanso. No sólo cada uno de los patrocinadores y colaboradores disponían de sus propios espacios de animación y autopromoción bien visibles sino que, además, antes de cada concierto, las enormes pantallas se encargaban de hacernos sentir como en casa, con cortes publicitarios que sobrepasaban fácilmente los 15 minutos.

Tres escenarios para tres momentos
Musicalmente hablando, la Ciudad del Rock se divide en diferentes zonas. La más importante es la que ocupa el enorme Escenario Mundo, presidiendo el recinto y destinado a los principales grupos nacionales e internacionales. Para llegar a las primeras filas había dos opciones: hacer cola con una anticipación de tres días o ser fotógrafo (y, ni eso, porque en algunos de los conciertos, y sin previo aviso, restringieron a los medios de comunicación). Nosotros tuvimos que conformarnos con las pantallas gigantes. Afortunadamente, el sonido era espectacular (salvo algunos fallos, como durante el concierto de Pereza), y el equipo -con lines arrays repartidos por todo el recinto y enormes mesas de mezcla en un espacio habilitado justo en medio del público- era tan espectacular que casi rompía las barreras entre los músicos y su audiencia. Algo así como una fusión sonora.

El segundo escenario era el Sunset, que no existía en la primera edición y que ha sido concebido para que artistas nuevos y consagrados ofrezcan al público actuaciones más cercanas. Por allí desfilaron grupos como Mägo de Oz, El Sueño de Morfeo o los veteranos Barón Rojo.

Por último, en el escenario Electrónica, importantes DJs nacionales e internacionales, acompañados de varias plataformas con gogós, hicieron bailar a los más nocturnos hasta el amanecer.

Incombustible Bon Jovi
La primera jornada nos dio la bienvenida con Mägo de Oz (tras la precipitada salida de cartel de John Mayer y el consiguiente cabreo general), Macaco, Pereza y Bon Jovi, el triunfador de la noche. El grupo de Leiva, envuelto en luces rojas, quedó un poco deslucido por algunos problemas de sonido (sus amplificadores se oían más que sus letras) y una falta de energía que no nos convenció mucho de que realmente fuéramos su “rincón favorito de Madrid”. No importó; cuando Jon Bon Jovi subió al escenario acompañado de Richie Sambora, David Bryan y Tico Torres el público se encendió. Más jóvenes que nunca, el legendario músico y su guitarrista sudaron y se deshicieron en el escenario haciendo rock. Algunas palabras en español entre canción y canción pretendían meterse en el bolsillo a un público que ya estaba más que dentro. Sambora nos deleitó con buenos solos de guitarra y Bon Jovi saltó y disfrutó sus canciones casi tanto como sus 50.000 espectadores. Apostó, eso sí, por los clásicos: “Born To Be My Baby”, “Bad Medicine”, “It’s My Life”, “Keep The Faith”… y nos regaló una versión del “Hallelujah” de Leonard Cohen dando el toque espiritual antes de terminar con su “Livin’ On A Prayer”.

Sugerentes caderas
La segunda jornada de Rock In Rio comenzó en el Escenario Sunset con Albertucho, Draco y Los Gerundinos, que ofrecieron una actuación muy mestiza con mágicos toques de improvisación de la mano del sevillano Raimundo Amador. Pero ese día, el partido se jugaba en el Escenario Mundo, y las contrincantes se batieron en un duelo que tuvo que ver más con el carisma que con la música. Rhianna y Shakira (aparentemente, la apuesta segura de Rock in Rio, ya que ha sido contratada en el 100% de las ediciones) fueron lo más pop y esperado de la noche. La primera, a la que hubo que esperar muchísimo, decidió poner su estilismo y su puesta en escena por encima de la música (al estilo del propio festival), y la verdad es que su show fue espectacular: cañones de colores, juegos de luces, robots gigantes, bailarines futuristas, plataformas que hacían aparecer y desaparecer a la artista y mucho confeti rojo. Las notas de rock, que las hubo, las puso Nuno Bettencourt, guitarrista de la mítica Extreme. La estrella norteamericana consiguió reunir a 85.000 espectadores que vibraron con cada uno de sus hits y pidieron de verdad aquello de “Please, don’t stop the music” hasta explotar con la famosa “Umbrella”. Y es que, a pesar de su frialdad y del uso de voces pregrabadas, la gran presencia (y belleza) que tiene Rhianna en el escenario nos hizo olvidarnos de todo…incluso hasta de la música.

Sin embargo, el partido, a juzgar por la respuesta del público (que, al fin y al cabo, es el que manda), lo ganó la colombiana a golpe de cadera. Shakira se hizo con la noche y fue deslizando y cantando éxito tras éxito hasta dejarnos felices y extenuados. Una canción cantada a dúo con Residente de Calle 13 y una nota de auténtico flamenco en su “Gitana” pusieron el broche a la actuación de una Shakira que, en lugar de confiarse, se dejó la piel y la cintura en el escenario. Imposible no responder. Por el mismo motivo por el que se había respondido antes con Calle 13: porque buscaban respuesta. El dúo portorriqueño ganador de 10 Grammys tenía ganas de hablar con el público y dejar las cosas claras. Con una mezcla de reggaeton, cumbia, ska y hip hop fueron lanzando letras mitad críticas, mitad populistas que conectaron con los asistentes y que resultó ser el único toque de concienciación social de un festival que se ha llenado la boca autoproclamándose un “evento solidario, vehículo de comunicación para concienciar a la sociedad de sus problemas”. Posiblemente, sería un conflicto de intereses con el Corte Inglés (patrocinador de Rock in Rio) lo que les llevó a abortar la misión.

“… y tocamos rock and roll”
Tras un fin de semana blando, llegó el metal a Rock in Rio. El primer día, dedicado al rap-metal, tuvo como estrellas a Cypress Hill, Janes Addiction y Rage Against The Machine. Pero fue la última jornada del festival la que –a pesar de ser lunes y no alcanzar los 12 grados- congregó a 50.000 personas con melenas, tatuajes y dedos poniendo cuernos que, afortunadamente, quitaron azúcar y artificialidad al evento convirtiéndolo, casi, en otra cosa.

El broche lo pusieron Sôber, Mötorhead y Metallica. Los españoles, después de años de inactividad, volvieron a los escenarios para presentar un nuevo disco recopilatorio. Lemmy Kilmister y su banda, por su parte, lo dejaron claro: "¡Somos Mötorhead y tocamos rock and roll!". Todo un respiro para un público ávido de este género. Y con rock duro llegó Metallica, fiel a su estilo, para complacer a sus seguidores con un repertorio de éxitos durante las más de dos horas de concierto –el más largo de todo Rock in Rio. James Hetfield, Lars Ulrich, Kirk Hammett y Robert Trujillo tienen tablas, e hicieron temblar el suelo de la Ciudad del Rock con una potencia atronadora y unas llamaradas de fuego a ambos lados del escenario que caldeaban una noche de lunes muy fría. Heavy metal en un parque temático para poner punto final a un Rock in Rio con un cartel y una organización mejorables. Para una completa y detallada crónica de este día, leed atentamente el próximo artículo (pág. 76).

Y así fue como, entre zonas VIP, áreas chill out, césped artificial, merchandising, fuentes de colores y negocio, se nos coló la música. El resumen es un espectacular despliegue técnico, montajes de audio e iluminación impresionantes, altavoces de todos los tamaños, pantallas gigantes, confeti, fuegos artificiales… para cinco días de música non-stop, con algunos cambios de cartel de última hora y algunos (más de uno) infiltrados en un festival que-no lo olvidemos- lleva en su título la palabra “rock”. “Ríos” no hubo, y “rock”… un poquito. Pero lo que sí hubo fueron momentos de buena música, artistas con muchas ganas y directos llenos de energía. Y también un público que compartía protagonismo con los cabezas de cartel casi a partes iguales. La democracia hecha música, con todas las ventajas y las limitaciones que eso conlleva.

Quitando el envoltorio (que a Rock in Rio le sobra, y mucho), nos quedamos con la música, la buena música en directo, y con todos los cantantes, guitarristas, bajistas, baterías y teclistas que nos regalaron emociones, sonido del bueno y espectáculo en estado original.


12/07/2010

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